En los países de democracias y repúblicas de vieja data, los expresidentes no son mas que “expresidentes” y se dedican a otro tipo de causas, a fundaciones, a volver a la cátedra universitaria, si alguna vez la tuvieron, a escribir libros, a dictar conferencias (cosa que no pueden hacer porque no tienen muchas experiencias positivas que mostrar) o a hacer algo diferente. En Colombia, no, los expresidentes siguen siendo llamados por los periodistas “presidente”, critican absolutamente todo lo del gobierno de turno, y se les olvida que ellos en sus gobiernos no lograron nada de lo que prometieron y contribuyeron a dejar a Colombia en el caos en que la encontró Uribe.
Son la historia y el pueblo los que los juzgan, y este pueblo de Colombia, ya se cansó de aguantar al “poll” de expresidentes dictando cátedra sin haber tenido la experiencia positiva sobre lo que hablan. Fallaron todos ellos, “los expresidentes vivos”, olvidando que tuvieron pésimos gobiernos y pocos resultados. Entonces ¿por qué no se callan?
Si Uribe aguanta una reelección más, la mayoría de colombianos lo acompañamos, porque las opiniones políticas de los expresidentes, de los excandidatos y de la mala izquierda de este país, que buscan, mediante la oposición vociferante, alianzas ridículas para atacar la reelección de Uribe, no son mas que mecanismos de distracción, porque para ellos estar alejados del poder tanto tiempo es una hecatombe.
Si Uribe quiere, seguimos con él, o sinó con el candidato que nos garantice la continuidad de la seguridad democrática para llegar a la seguridad económica y social, que creo la lograremos antes de 2020. Somos un país diferente, que tiene que aprender a dejar el provincialismo, el monolingüísmo y la “malicia indígena” para cambiarla por capacidad administrativa, tecnológica y científica, dejar de ser “aviones para el tumbis”, para ser “aviones para el desarrollo”.
La “onda” es el capitalismo, y precisamente, el socialismo, nos dejaría atrás del desarrollo.




Proponemos que se le otorgue a la señora Clara de Rojas la mayor condecoración que pueda entregar el gobierno colombiano, porque ella representa los grandes valores de nuestra Colombia: dignidad, respeto por las instituciones, respeto por las personas, sentido de pertenencia, lealtad a la Patria, perdón, mesura, solidaridad.